Don
Quijote de la Mancha es una novela que desde hace más de cuatrocientos años ha
sido leída por toda clase de gente, que encuentra en ella inspiración para su
vida. Vamos a leer el prólogo o la introducción a una adaptación de esta obra
para niños.
Un
día Don Quijote decide imitar a los caballeros andantes de los libros que había
leído... Se pone una armadura, monta a caballo, se hace acompañar de un
escudero, y sale a los caminos en busca de injusticias para ponerles remedio.
Su
valor no tiene límites: lo impulsa a realizar empresas que parecen imposibles,
a enfrentarse a gigantes y magos perversos, con tal de que el bien triunfe
sobre el mal. Es un hombre de palabra: se esfuerza por cumplir lo que dice, y
le basta decir algo para sentirse comprometido. Vive, además, enamorado, porque
un caballero andante sin amores es como un árbol sin hojas ni frutos. Un
enamorado siempre fiel, que nunca –aunque lo persigan las muchachas más bellas–
traiciona el amor por su dama.
Con
todo esto, Don Quijote no es soberbio, porque sabe que está al servicio de los
ideales de la caballería, que se hallan por encima de cualquier caballero en lo
individual, y sabe que es el amor de su dueña, la sin par Dulcinea del Toboso,
lo que da fuerza a su brazo. Su ambición mayor es dedicar la vida a perseguir
esos ideales, y decir de su amor que "en tan hermoso fuego consumido,
nunca fue corazón".
La
ambición más grande de Sancho Panza es satisfacer las necesidades de la vida
diaria: tener que comer, un lugar donde dormir, ropa limpia, dinero... Lo
tienta la idea de resolver de una vez por todas los apremios económicos y por
eso se deja convencer de su vecino para irse con él, como su escudero, tras la
promesa de que lo hará gobernador de una isla.
Sancho
es un hombre prudente y pacífico, enemigo de pleitos. Se permite sentir miedo.
No le interesa meterse con nadie ni que se metan con él. Tiene un perfecto
sentido de la justicia y sobre todas las cosas ama a su familia. Respeta y
quiere a su mujer, Teresa, con un amor tan sólido, tan pegado a la tierra como
los refranes que continuamente dice.
Sancho
es un hombre leal, dispuesto a hacer casi todo por su amo –no a dejarse azotar,
por ejemplo–; vence sus temores y sus fatigas por lealtad y termina contagiado
por los ideales de su patrón, a quien él llama el Caballero de la Triste
Figura.
Don
Quijote y Sancho Panza son dos buenos modelos; es mucho lo que podemos aprender
de ellos. Es importante tener ideales, y es importante ocuparse de los asuntos
de todos los días.
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Felipe
Garrido, “Prólogo a Miguel de Cervantes Saavedra” en Don Quijote de la Mancha.
México, SEP-Océano, 2005.

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